Parque Cultural del Río Martín

Datos de interés

  • Dirección: 44547 Ariño, Teruel, España

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Entre la feraz huerta de Albalate del Arzobispo, con sus manzanos, perales,uvas y melocotones, se extiende la vega del río Martín, con los ocho pueblos que la conforman, más la pedanía de Peñarroya de Tastavins. Dureza y aridez de las tierras rojizas, que se mezclan con los grises que imprimen carácter a la tierra fortificada de Montalbán, cuyos caminos, en tiempos, estaban protegidos por la Orden de Santiago. Es en este lugar donde desde el año 1995, se levanta el Parque Cultural del Río Martín, que se extiende desde el sur de la provincia de Zaragoza al nordeste de la de Teruel. Un lugar único, donde las pinturas rupestres, que vemos distribuidas a lo largo del curso medio del río, son su principal lazo de unión.

Flora y fauna

En sus dominios es posible contemplar una enorme cantidad y variedad de especies que dependen por completo del río. Pero, la densa y en ocasiones impenetrable vegetación de ribera que da cobijo a tan rica fauna hace que no siempre sea fácil para el visitante verla con la suficiente cercanía.

Esa vegetación da alimento y protección a especies tan esquivas como la nutria común (Lutra lutra), buceadora incansable, que busca su principal fuente de alimento en el cangrejo rojo americano. Pero, no todos los animales que habitan en el río son tan grandes, y en él habitan otros, como la garza real, la lavandera blanca y el conocido ánade real.

Entre las aves que habitan la ribera, destaca la fugaz pico picapinos, el rechoncho y diminuto chochín o a la fulgurante oropéndola, que, junto con el ruiseñor y el mirlo, darán una nota musical a las mañanas primaverales. Aunque, posiblemente, el rey por excelencia de esta zona sea el siempre huidizo, y no por ello menos bello, martín pescador.

Pero, la fauna no se concentra sólo en la cuenca del río. En sus aledaños se encuentran antiguas edificaciones, conocidas como mases, donde conviven desde el murciélago pequeño de herradura a la golondrina común, pasando por la salamanquesa común. Los nidos de estos «ocupas» se encuentran a tres metros de altura, y su estrechez y dificultad de paso hacen que sólo algunas culebras puedan llegar a acceder a ellos.

Pero, si lo que el visitante está buscando son bellos paisajes, además de descubrir la fauna, quedará impresionado con los cañones y estrechos excavados por el río, entre Obón y Alcaine, el tramo más largo, y Albalate, el más corto. Entre sus abundantes grietas, plataformas, agujeros y hendiduras, encontraremos una gran colonia de buitre leonado, así como una buena representación del alimoche, águila real, búho real, águila-azor perdicera, halcón peregrino y chova piquerroja, siendo ya habituales algunos ejemplos de cabras, hispánica o montesa, especie esta última que se encuentra en plena expansión. Sus ejemplares son algunas veces sorprendidos por el visitante cuando bajan a la ladera del río a saciar su sed.

También llama la atención su vegetación gipsícola ibérica, formada por álamos blancos, chopos negros, fresnos, sauces, tamarices y zarzamoras, así como sus galerías de matorrales ribereños termodinámicos o los bosques endémicos, como los de La Muela de Montalbán, con un importante cortado rocoso marcado por el verde oscuro de los pinares, y el anaranjado de las «guilloneras».

Pero en el Parque podemos ver, además, tobledales ibéricos, manantiales petrificantes con formación de toba o pendientes rocosas calcícolas, con vegetación rupícola, como ocurre en la Sima de San Pedro, en Oliete. En este lugar sobresale su espectacular pozo, de unos cien metros de profundidad y de diámetro, rodeado por un ambiente de especial aridez. Por otro lado, tenemos los singulares bosques mixtos en Peñarroyas y en Torres de las Arcas, donde crecen especies como el pino rodeno, jaras y algunos quejicos. Ellos dan un intenso color rojizo que contrasta bellamente con el verde del pinar y algunas notas amarillentas.

Menos frecuente, pero muy espectacular, es la sabina albar, de la que se localizan ejemplares en algunos lugares dispersos, como en la sima ya mencionada. Otro aspecto destacable son las manchas «ordenadas» de vegetación, cuyo origen lo encontramos en la necesidad de producción alimenticia del hombre a través de la agricultura. Encontramos plantaciones de ribera (cultivos hortícola y frutales) y de secano (cultivos de cereal, de vid, olivos y almendros).

Centros de interpretación

Pero, si por algo destaca el Parque es por sus Centros de Interpretación, museos donde el visitante puede, de una manera muy gráfica, entender la historia y el desarrollo de este lugar a lo largo de cada una de las singularidades que lo constituyen. Es recomendable realizar una visita a cada una de estas instalaciones, que se encuentran en las localidades que conforman el Parque, antes de iniciar las rutas correspondientes.

En Albalate tenemos el centro dedicado a la cultura popular; en Alacón, el de la paleontología; en Ariño, la sede del centro de arte rupestre; en Montalbán, el de la geología y espeología; en Oliete, el de la cultura ibérica.

Además, existen dos espacios dedicados a la flora y fauna, este último se encuentra en Alcaine y muestra al visitante los principales ecosistemas del Parque. Para ello, el piso superior del caserón renacentista –donde también se ubica el albergue–, ha sido acondicionado con reproducciones de animales, fotos, textos, gráficos y recreaciones de los ambientes donde éstos desarrollan su existencia. Incluye grabaciones de los cantos y ruidos que emiten los animales para ambientar, con la máxima fidelidad posible, los diferentes espacios.

El centro dedicado a la flora se encuentra en Torre de las Arcas y su visita es libre. El jardín botánico nos ofrece un rico mosaico de ambientes vegetales que se desarrollan en el Parque del Martín, con pies temáticos que describen las diferentes especies vegetales existentes. La visita, que incluye paneles explicativos y zona de audiovisuales para documentales, debe concertarse con personal del Ayuntamiento.

Además, en cada pueblo del Parque Cultural se han puesto en marcha albergues, restaurantes, aparcamientos y senderos. Y es que, una parte importante del programa de actividades del Parque son los mismos pueblos, con su impregnación del territorio y las memorias históricas y artísticas.

Texto: José Antonio Val Lisa

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