Mudéjar Tardío

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  • Dirección: 44390 San Martín del Río, Teruel, España

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Proponemos una ruta por la comarca del Jiloca para descubrir algunos de los tesoros arquitectónicos más destacables del mudéjar tardío. San Martín del Río, Báguena, Navarrete del Río y Olalla son las paradas de este viaje por una época en la que la tolerancia se puso al servicio del arte.

Se trata de una de las zonas con mayor representación de arquitectura mudéjar tardía de Aragón. Aunque la mayoría de los edificios que se han conservado son de tipo religioso, también existió una importante arquitectura civil.

San Martín del Río

Lo primero que llama la atención al llegar a San Martín es la torre, una de las más elevadas de la provincia. Resplandeciente, casi blanca, su espectacular imagen actual es fruto de las labores de restauración que se han llevado a cabo hace pocos años. Su construcción se realizó en dos momentos distintos. La mayor parte se elevó a principios del siglo XVII y sigue las características propias del mudéjar tardío aragonés, dejando ver el creciente peso de la influencia cristiana frente a la tradición islámica. La parte superior es de época barroca, realizada entre 1739 y 1742.

De planta octogonal y sobre un basamento de piedra se alza la torre de ladrillo. Siguiendo la tradición cristiana, su interior es hueco. Unos torreoncillos con cerámica vidriada azul, propia del mudéjar aragonés, marcan la transición entre ambos espacios y dan paso a los cuatro pisos de la construcción. La decoración está realizada según los motivos ornamentales renacentistas, pero adaptados a la tradición mudéjar. Óculos, rombos y ladrillos colocados en esquinilla se enlazan con arcos de medio punto y contrafuertes decorados en los ángulos.

La parte superior, compuesta por el último cuerpo y el chapitel, es la correspondiente a la ampliación barroca. La torre está rematada con cerámica esmaltada, restaurada en 2005, y que crea esos característicos colores producto de los reflejos con los rayos del sol.

Báguena

La escasa diferencia de solo dos años entre las fechas de construcción de la torre de Báguena y la de la vecina San Martín del Río parece esconder algo más que una coincidencia. La obra es del mudéjar tardío, levantada entre 1609 y 1611, sin embargo el remate final es del siglo XVIII.

La torre de Báguena tiene varias particularidades que la hacen única en su género y que incluso muchos baguenenses no conocen. Por ejemplo, el color tan especial de sus ladrillos se debe a que fueron humedecidos en pan y vino para darles el tono adecuado, según se recoge en los papeles del archivo parroquial.

Continuó el empleo del ladrillo en la formación de motivos geométricos, siguiendo la tradición islámica, aunque aumenta su variedad. Además, se introdujeron elementos decorativos como los medallones que contienen bustos esculpidos en yeso, típicos de la arquitectura renacentista.

Otra de las características especiales de la torre de Báguena es el diseño de su planta octogonal, que no es regular sino oblonga para adaptarse a la base rectangular sobre la que se alza. Los contrafuertes muestran motivos de fustes, hexágonos y cruces colgantes rehundidas y en el entablamento aparece la piedra.

Navarrete del Río

Siguiendo por la carretera comarcal, remontando el curso del río Pancrudo, llegamos hasta Navarrete del Río, pedanía del municipio turolense de Calamocha.

Es una de las grandes torres de Teruel. Notable sobre todo por su gran empeño monumental, fue edificada probablemente en la segunda mitad del siglo XVI, construyéndose la iglesia barroca en el siglo XVII y en esa misma centuria se colocó la plataforma volada en la torre.

Esta torre es conocida por ser la primera que incluye elementos cristianos en su decoración, como las cruces latinas y de calvario. Además, es la única de las torres mudéjares de la comarca que cuenta con azulejos de Muel incorporados a la decoración de ladrillo y no solo para cubrir los chapiteles.

Otros elementos que ya hemos visto en nuestra ruta, pero que siguen llamando la atención, son los bustos de yeso inscritos en medallones, así como las tejas de colores de las torrecillas de transición del cuerpo cuadrado.

Olalla

Finalmente, llegamos hasta la última parada de nuestro viaje, la localidad de Olalla. Ascendiendo por las serpenteantes calles se llega hasta la zona más alta del pueblo, en la que está ubicada la torre.

La torre de Olalla pertenece a la etapa final del mudéjar turolense; se mandó construir en 1584. Inclinada hacia el norte y con considerables grietas, fue objeto de restauración en 1983.

Toda la torre es de ladrillo y en la parte baja, de planta cuadrada, hay dos estancias con bóveda de crucería estrellada, que servían de coro a la iglesia hoy desaparecida. En su cara norte se añadió un cuerpo anexo de ladrillo para albergar una escalera de caracol que permitiese el acceso a los niveles superiores.

Hay un gran equilibrio compositivo entre los contrafuertes de las esquinas y los entablamentos. Destaca la decoración mudéjar de rombos y tracería, especialmente en el primer cuerpo octogonal y la base por los paños ciegos.

En la restauración del tercer cuerpo, se eliminaron los restos de la maquinaria y la esfera del reloj, de los que se conservaba parte. Las cornisas dobles con frisa se dan en este cuerpo y en el cuarto, en el que se invierte la decoración: las pilastras se encuentran lisas y la ornamentación de aspas aparece junto a las ventanas.

Texto: Carlos Muñoz

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