El camino de San Úrbez

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Dos publicaciones ‘hermanas’: por un lado, ‘…A pies descalzos. Los romeros de Albella y su camino en honor a San Úrbez’, profunda obra sobre el camino que desde Albella realizaban unos romeros en peregrinación para pedir agua, tanto a la ermita de San Úrbez en Añisclo como al gran santuario urbeciano de Nocito; por otro lado, ‘El camino de San Úrbez. De Añisclo a Huesca por camino viejo’, que constituye la etnoguía imprescindible para realizar hoy ese camino.

Proponemos una bonita excursión, que une dos de las ermitas de San Úrbez: iremos desde San Úrbez de Cerésola hasta San Úrbez de Nocito. Este trayecto pisará en su último tercio el camino que los romeros de Albella (penitentes y a pies descalzos) llevaban en su marcha hasta el gran templo de San Úrbez de Nocito. Al no ser un recorrido circular, necesitaremos la ayuda de un vehículo de apoyo.

San Úrbez de Cerésola
San Úrbez de Cerésola es una ermita de propiedad particular, perteneciente a casa Juan Domingo de Cerésola. Situada en un enclave de gran belleza, en una cueva de conglomerado, está coronada por una cascada y es utilizada desde tiempo inmemorial como refugio de ganado y como lugar de cultos ancestrales. El acceso es sencillo: en la carretera de La Guarguera (A-1604) hay que estar atento al desvío, indicado, por pista a Cerésola y, tras un fuerte ascenso durante apenas unos centenares de metros, en pronunciada curva a derechas, sale una senda que ya mismo nos deja en el escondido lugar.

Tras disfrutar el enclave, debemos volver andando por donde hemos subido en coche, por la pista. En pocos minutos estamos en la A-1604, que tomamos hacia la derecha (hacia Lanave). Vamos por el asfalto, con el Guarga a nuestra izquierda, aproximadamente un kilómetro y medio (estemos atentos: antes de llegar al punto kilométrico 14 veremos el barranco Ricau, de cierta entidad, que desemboca en la orilla orográfica izquierda). Un poco más adelante, tomamos una breve pista a mano izquierda, que nos lleva a una pequeña playa de arena en el río, cerca pero aguas abajo de la citada desembocadura. Crucemos (descalzándonos) el río, y trepemos por el otro lado por la orilla, verticalizada pero accesible. Pisando lastón, subimos por un clareado bosque de pinos hacia el sur, hasta topar con un sendero no excesivamente evidente que viene de nuestra derecha, que tomamos hacia la izquierda en ascenso. Esta senda nos hace primero subir, luego mantiene la altura y luego desciende, dejando siempre a mano izquierda, abajo, las encajadas badinas del citado barranco Ricau.

Solanilla
El descenso de la senda comentada nos lleva a un terreno menos llano en el medio de un gran meandro del citado barranco Ricau, cauce que cruzamos sin dejar la dirección sur, buscando al otro lado, un poco hacia nuestra derecha, una pista en mal estado, que machacó el camino viejo a Solanilla, localidad a la que nos dirigimos. No confundir con una pista que baja al barranco desde el este, procedente de la pardina de Santa María de Pérula.

La pista-senda asciende primero por antiguos campos de labor siempre hacia el sur, y después va girando hacia la derecha ya por arenisca, hasta que (atentos) en una curva a izquierdas termina el ascenso y comienza a bajar poco a poco (hay mojón), ya sin parar hasta Solanilla, cuya calle mayor estaba dedicada a San Úrbez. Atravesamos el pueblo de norte a sur, saliendo pegados a la parroquial. Solanilla se despobló y está habitada por neorrurales.

Estamos en el camino viejo de Solanilla a Abellada, que discurre siempre recto, hacia el sur. Tras cruzar bajo el pueblo por un terreno de pino repoblado (zona un poco confusa por la que cruzamos un par de barrancos y una pista secundaria), asciende rápido y, dejando de frente la manguera negra de toma de agua del pueblo, tendemos hacia la izquierda buscando la senda, que sube desde aquí por una loma que baja de la punta de la sierra de Aineto hasta el pueblo de Solanilla: es la pardina de San Esteban del Pico, otrora propiedad del cenobio de Nocito. Primero va por un bosque mixto de boj y ‘caxico’, y a partir del corral de casa López de Solanilla, de magníficas paredes, se interna en un bosque de coníferas donde no se aprecia la mano del hombre, tramo de camino que ha sido limpiado recientemente, por lo que no plantea problemas, hasta coronar el cerro.

Ahora en bajada, estamos ya en aguas del barranco de Abellada, esto es, del río Guatizalema, en La Paúl de Abellada, lugar además en el que enlazamos con el camino que los romeros traían desde Albella-Laguarta-Secorún.

Abellada
Siempre en bajada, a veces por pista, pero si somos hábiles por muy bellos tramos de camino viejo, avistamos Abellada, discurriendo el camino por encima de la población, ofreciéndonos magníficas vistas de toda la cuerda de Guara y de los grandes volúmenes de las casas del lugar: Otín y Lardiés.

A partir de Abellada, el camino toma dirección oeste: nos dirigimos a la pardina de Latorre, primero en descenso hasta el cruce de un barranquete (Os Arenales), luego en ascenso hasta un collado y por último en bajada, ya a la vista de la pardina de Latorre, siempre hacia el oeste, famosa por sus olmos centenarios que van cayendo y desapareciendo.

San Úrbez de Nocito
Al oeste de la pardina buscamos el claro camino a San Úrbez de Nocito y a Nocito, recientemente limpiado por las brigadas del Parque Natural de la Sierra y Cañones de Guara. Al poco, dejamos a mano izquierda el señalizado desvío a Bentué, e iremos dando vista al grandioso circo de arenisca en el que se encuentra el santuario, sobre todo al llegar al evidente mirador de la peña Vizcarra. La senda llanea y por fin se interna en la fuerte ladera, en descenso, cuyas lazadas nos conducen al santuario de San Úrbez de Nocito. Pero antes de llegar, en desvío a mano derecha, no hay que dejar de visitar, en apenas unos minutos de subida, la peña O Santo, lugar en el que según la tradición vivió el santo.

Óscar Ballarín y Arturo González

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