Escalada en la Visera y descenso

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La Visera es una pared única, irrepetible e impresionante. Su desplome y altura la convierten en uno de los lugares donde disfrutar o sufrir, depende del caso, de un patio fantástico.

La apertura de sus vías más directas supuso abrir la puerta a nuevas escaladas con mucho ambiente. La verdad es que, si tienes mucha fuerza en los brazos, puedes subir por casi todas las vías, que son extraordinarias escaladas. Y todo escalador que se precie debe, alguna vez, adentrarse en alguna de ellas.

La parte central del mallo es como una cuchara por dentro, una gran superficie cóncava que remata en una punta desplomada, allá arriba, a más de doscientos metros de altura. Si tiráramos una piedra desde su cima, caería muchos metros alejada de la base. La parte central es un continuo muro desplomado de buenas presas, sin panzas. Muro que es atravesado por una serie de fisuras por la que transcurre la ‘Mosquitos’.

La cara izquierda del mallo es una pared muy vertical salpicada, aquí sí, de infinidad de panzas. Una gran canal la recorre, por donde va la ‘Guirles-Campos’. Y separando ambas caras, un suave espolón desplomado desde la base hasta la misma cima, siguiendo una línea recta al principio para luego girar a la derecha, justo donde hay un enorme techo recorrido por la extraordinaria ‘Naturaleza Salvaje’.

También se practica desde su cima el parapente y el salto base. Se han realizado igualmente encadenamientos de varias vías impresionantes por parte de los escaladores más potentes. Prácticamente todas las vías se encuentran equipadas con paraboles, lo suficientemente cerca para hacer segura la escalada, y lo suficientemente alejados como para tener que esforzarse.

Es cierto que para ir a la Visera hay que ir rodado en fuerza y en escalada riglera, si no quieres sufrir. Pero hay que tentar sus líneas, cada uno a su medida. No hay que mirarla con temor, sino con deseo.

Descenso
Bajar de la Visera constituye en sí una bonita excursión, que algunos senderistas utilizan para alcanzar caminando la cima del mallo. No conviene olvidarse las zapatillas, pues sería un suplicio bajar con los pies de gato.

De la cima, caminar por su arista en dirección norte. A los pocos metros un rastro a modo de sendero baja suavemente por la ladera derecha, que al fondo del todo nos deposita en un pequeño jardín. Salimos del jardín siguiendo el sendero que comienza a subir poco a poco entre roca y vegetación para torcer de nuevo a la izquierda. Aquí el sendero va entre una franja rocosa con bastante patio, sencilla pero en la que no hay que tropezar. Hay que prestar atención en esta zona.

El sendero va bajando por la roca hasta que, tras una corta subida pegada a la pared, nos deposita en el collado que se abre a todo el impresionante Circo Norte, justo entre dos agujas, una de caliza y otra de conglomerado.

Del collado buscamos el sendero entre los árboles sin bajar y lo recorremos entre el bosque hasta el cruce del ‘Camino del Cielo’ que viene por nuestra derecha. Continuamos recto a través del sendero, muy bonito ahora entre árboles, horizontal y sin descender, hasta que llegamos a una especie de colladito con un gran hito de piedras.

Descendemos por la izquierda, ahora en fuerte descenso, hasta que el sendero nos lleva al collado del Fire, donde se inicia el descenso de todo el Circo Norte a través de una buen sendero que, zigzagueando, nos regala con un paisaje extraordinario. El Firé a nuestra derecha, la cara norte del Pisón, delante nuestro, y el mallo de los Castellanos a nuestra izquierda. Una hora aproximadamente.

Texto: Felipe Guinda

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